Primeras semanas

Mis dos primeras semanas de clase fueron en un curso de introducción al chino (no incluido en mi programa de verano) con un grupo de Corea del Sur, era elemental pero sirvió para desempolvar los libros, volver a ejercitar la mente y hacer las primeras amistades.

Llamativo el grupo surcoreano.

Método de relajación entre clases.

Como si de cyborgs hablara, es escuchar la palabra “xiū xī” 休息 (descanso) y caen rendidos sobre la mesa tras la desconexión de la corriente eléctrica.

Alegre, divertido, con gran interés en el conocimiento de lo occidental pero sin renunciar a su cultura y carácter intrínseco, este grupo de jóvenes también refleja una generación sobreprotegida, en el que hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 20 y los 23 años, tienen, a ojos de un occidental, actitudes un tanto adolescentes e inmaduras.

Tras esas dos semanas de relajación, éstos se fueron, llegó el grupo ruso y el pistoletazo para el comienzo del curso intensivo de verano. Tres niveles, encuadrado en el inferior, comenzando por la lección 10 y a un ritmo de lección por día y 20 palabras por clase y lección. En dos semanas terminamos la lección 17 y en unos días y con duro estudio estaré cerca de los 300 caracteres.

No sólo del estudio vive el hombre, también sacamos ratos en el fin de semana para desconectar, hacer alguna barbacoa y escapada a algún pub, y aún con apariencia de fiestas a lo “erasmus”, éstas no sé prodigan y me mantengo un tanto alejado de ellas.

Falcon Crest

Tras las dos semanas de clases de introducción con un grupo de surcoreanos, mañana empieza el curso serio de verano.

Nos harán un exámen de nivel y estaremos repartidos en tres grupos. Seguramente comience en el nivel más bajo para así perfeccionar varios aspectos en los que ando un poco verde, como escritura o fonética.

Estas semanas pasaron bien rápido. Compras y acomodamiento terminado. Máquina dispensadora de agua en mi habitación, aire acondicionado instalado definitivamente, portatil bastante barato, deportivas a precio de saldo y mañana espero hacer alguna compra si el presupuesto me lo permite como una cámara y un diccionario electrónico.

A destacar la visita del sábado, el rector de la facultad de estudios internacionales nos invitó a unos cuántos a la inauguración-presentación de un hotel de 5 estrellas con su correspondiente ágape tras la visita por las distintas áreas del hotel.

Mucho lujo, poco gusto, malos remates y precios inalcanzables.

 

Tras la comida, genial post almuerzo conversando con un gran vino chileno en compañía del gerente del hotel (chileno) y un ejecutivo (mallorquín). La comunidad hispana se empieza a hacer hueco en Shenyang.

 

Aquí les presento a la familia, de izquierda a derecha: Cristofer (chileno), Victoria (Argentina), Valery (chilena y hermana de C.), Isabella (española-colombiana) y el que les escribe. Foto a lo serial de los ochenta, estilo Falcon Crest.

 

Ya subiré fotos de la vida cotidiana, pero éso cuándo tenga cámara.

Un abrazo!

La instalacion

Tras la aventura de la llegada, la semana ya ha sido más tranquila. Instalándome en la ciudad y aclimatándome a la vida china.

Vivo en la residencia para extranjeros de la Shenyang Daxue (Universidad de Shenyang). Estoy en una habitación compartida, pero aún no tengo compañero de habitación asignado. Tras limpiar el salón y mi habitación tres veces, ya está habitable. Tiene nevera, televisión (aunque no se ve, dicen que puede que para que no veamos el percal de por aquí); aire acondicionado (que me niego a usar, no hace más de treintaytantos grados). Cama cómoda y baño. Todo lo anterior se podía considerar un lujo comparando con otras residencias chinas y una mansión si lo comparamos a cómo viven los estudiantes de aquí (comparten habitación ocho personas y tienen los baños fuera, normalmente letrinas).

El grueso de alumnos extranjeros son: africanos, en su mayoría de Uganda; surcoreanos, pero se irán pronto y rusos, que son los alumnos más aventajados, mongoles que ahora están de vacaciones y la pequeña comunidad hispanoamericana que estamos montando.

Por el momento estamos una una valenciana con doble nacionalidad (colombiana) que lleva un año acá pero que ya se va, una argentina, un chileno (residente en Catalunya por unos años) y chilena que son hermanos y llevan unos meses, un mexicano que aún no conocí, un peruano y un canadiense hispanohablante que están recién instalados. Esta semana llegará un madrileño, el mes que viene un vasco y yo.

En gran parte, Cristopher (chileno) ha sido quién me ayudado esta semana con todas las cuestiones que se me planteaban. Después de esta semana, me he dado cuenta que solucionar los problemas en chino es complicado, en inglés es sencillo y en español ni existe tal problema.

En el campus habrá como unos 10.000 estudiantes y residiendo en su gran mayoría aquí. Es una microciudad lo que hay aquí montando, Estando dentro del campus todo tipo de tiendas y negocios, como una peluquería o una farmacia, comedores o un supermercado.

Estoy bien, estoy contento con cómo están yendo las cosas, ahora toca empezar a estudiar más duro.

Un abrazo fuerte a todos y comenten si quieren, me encanta poder ver vuestros comentarios.

La llegada

Miércoles 22 de junio 16:00 h Salida de Calzada de Calatrava Viernes 24 de junio 23:45 (hora local. 17:45 hora peninsular) Llegada a la Shenyang Daxué

50 horas de viaje que dieron para mucho.

Viaje sin problemas, y aterrizaje en Beijing el viernes por la mañana y a partir de aquí la LOCURA.

Sin mucha información previa pues tampoco la había tenía que defenderme en el terreno. Autobús para la Beijing Railway Station desde el aeropuerto y allí estaba a mediodía en mitad de Beijing con una gran maleta, mucho calor y con escasas horas de sueño y reservas de comida y agua en el cuerpo.

Me sumo a lo que parece una cola para comprar billetes para marchar a Shenyang, acompañado de empujones, alguno que se me colaba y el intento de entablar con algún lugareño conversación (harto imposible), llega mi turno.

– Wo yao qu Shenyang. Quiero ir a Shenyang.

– Meiyou tickets jintian. No hay billetes para hoy.

Tras las riñas de los que venían atrás me aparto de la cola a regañadientes. 1 de la tarde, un calor sofocante, deshidratación y rodeado de miles de chinos de un lado para otro. Estaba jodido y muy cansado. Tras reponer fuerzas, me digo que ésto no puede quedar as;i. Marcho a la cola de al lado, otros 20 min de espera, acompañado de nuevo de algún empujón y alg;un pueblerino que hacía los intentos de colarse y de nuevo, la misma conversación, pero me dice que hay otra estación al oeste.

Me veía igual o peor que antes, pero nacía una pequeña esperanza. Salgo de la cola y se me acerca un chaval de 18 años, no más, y en un inglés bastante docto para la zona, empezamos a charlar, me acompaña a la otra sala de venta de billetes, pregunta si puedo sacar billetes, parece que sí y se marcha. En ese momento y después casi de una hora intentando encontrar alguien que hablara inglés me parece cómo bajado del cielo.

Tercera cola, y de nuevo, “meiyou” (no hay). Ya me sí que me veía haciendo noche en Beijing. Pero al momento, me encuentro con un israelí que también tenía problemas para sacar su billete para Mongolia, me dice que en la oficina 1 van los extranjeros y que a ver si ahí podía sacar algo en claro.

Cuarta cola, ya más tranquila, la gente más extraña la dejé atrás en la cola 1 y 2. Tensa espera, era mi última oportunidad, la sobrellevaba conversando con los de la cola. Me mimeticé en chino y me colé cómo pude y allí estaba de nuevo. Parece que ahora ponía más atención en lo que decía y no me despachaban al segundo. No entiende muy bien mi chino, agarro a una chica jóven que hay detrás mío y le explico la ciudad y que tengo que sacar el billete para el día, en efecto. Cómo por arte de magia, me dice que sí, que hay un tren de alta velocidad, por la tarde. Habló con el israelí que ya me había ofrecido morada y salgo de la Beijing Railway Station victorioso. Pienso: J 1 – China 0.

Me meto en el primer sitio a comer que encuentro y me sale mal la jugada, salgo con angustia, tengo que prestar más atención a lo que pido.

Espera en la estación, despierto por unas voces y a mí lado, unos policías arrojando cosas al suelo. Entiendo la situación pronto, un indigente, con problemas en una pierna, había cumulado cosas que encontraba en la calle dentro de la estación y los de azul se dedicaban a “limpiar la zona”. La gente alucinando un poco y primera situación extraña de este estado. Me recordó a algo que ni viví pero tantas veces escuché, Ley de vagos y maleantes, más por la actitud que por el hecho, creo que ésta misma situación se daría en cualquier estación de tren del mundo.

Tras un viaje algo largo, algún intento de hacer unas cuestiones, ya estaba en Shenyang, parecía que el final estaba más cerca. Salgo de la estación y poner al poner un pie en Shenyang, ves que es cómo las imágenes que tantas veces has visto de ciudad nocturna asiática. Grandes luces, una pantalla gigante y rascacielos. Impresiona.

Rotura del mango de la maleta, doy vueltas, no encuentro un taxi, una chavalín así de incógnito me ofrece llevarme, accedo, cuál es mi sorpresa cuándo llegamos y no tenía un taxi sino una moto. Por ahí no paso, cansado, cargado con la maleta y mochila, me niego a jugármela por las calles de Shenyang tan gratuitamente.

Media vuelta y me pregunta una chica en un perfecto inglés que si tenía algún problema, hablamos, nos vamos a la parada de taxis, nos encontramos con su novio, sueco y un amigo danés y allí hacemos espera. Taxi y residencia. 23:40 h campus, bastante grande, y todo a oscuras, me meto, voy andando, pregunto, de nuevo nadie habla inglés, a la tercera, en chino me explican y medio comprendo que es lo que me quieren decir y tras 5 min parece que veo la luz al final del camino. Estudiantes en el patio de fuera, tomando unas cervezas, parece que estoy cerca, música de Maná y unas chicas cantando con una cerveza en la mano. Me acerco, con un serio saudo de – Hola? En efecto. Hablan español. Isabella (colombiana-española) y Valery (chilena) me dan la bienvenida, sabían que llegaba pero tampoco tenían mucho más detalles. Me asignan una habitación, dejo los bultos y me bajo a tomar una cerveza con las chicas.

Las 00:00 del 25 de junio. El viaje ha sido largo, pero llegar, poder hablar un poquito al aire libre con buena música, no tiene precio.

Ésta es la historia de cómo te la juegas llegando a una ciudad que no conoces, con una lengua que no controlas y con muchas millas de diferencia cultural.

Esta entrada ha sido extensa y detallada, en posteriores entradas no será tanto así, pues ni Shenyang da para tanto contenido ni quiero abrumar con tanta historia.

WordPress está censurado en este país, pero puedo postear desde el correo. Comenten cuánto quieran, los comentarios me llegan al correo.

Saludos.

El comienzo

Hola a todxs,

he creado este blog  tallarindelamancha.wordpress.com para ir informando de mis experiencias en China.

La decisión ha sido sencilla, en China, tanto Facebook como Twitter (no sé si alguna página más) están censuradas; así que he pensado que para informar y publicar in situ lo que me va aconteciendo el mejor lugar es un blog.

Me voy el 23 de junio, vuelo Madrid – Beijing, un día entero haciendo escala en Moscú. La ciudad dónde voy a residir es Shenyang, ciudad de 7 millones de habitantes y cercana a Beijing.

Hubo varias razones para escoger esa ciudad:

– Región dónde hablan el chino con menos acento en el país.

– Ciudad más barata que las grandes ciudades como Beijing, Shanghai o Hong Kong.

– Universidad de tamaño medio, con estudiantes extranjeros (principalmente surcoreanos y rusos), pero sin aglomeraciones como en la BCLU de Beijing.

¿El objetivo del viaje? Os estaréis preguntando. Pues ir a estudiar chino intensivamente en el lugar.  Ese es mi objetivo a corto plazo, a medio o largo plazo no quiero crear expectativas.

Espero que os paséis por aquí de vez en cuando y que comentéis!!