Primeras semanas

Mis dos primeras semanas de clase fueron en un curso de introducción al chino (no incluido en mi programa de verano) con un grupo de Corea del Sur, era elemental pero sirvió para desempolvar los libros, volver a ejercitar la mente y hacer las primeras amistades.

Llamativo el grupo surcoreano.

Método de relajación entre clases.

Como si de cyborgs hablara, es escuchar la palabra “xiū xī” 休息 (descanso) y caen rendidos sobre la mesa tras la desconexión de la corriente eléctrica.

Alegre, divertido, con gran interés en el conocimiento de lo occidental pero sin renunciar a su cultura y carácter intrínseco, este grupo de jóvenes también refleja una generación sobreprotegida, en el que hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 20 y los 23 años, tienen, a ojos de un occidental, actitudes un tanto adolescentes e inmaduras.

Tras esas dos semanas de relajación, éstos se fueron, llegó el grupo ruso y el pistoletazo para el comienzo del curso intensivo de verano. Tres niveles, encuadrado en el inferior, comenzando por la lección 10 y a un ritmo de lección por día y 20 palabras por clase y lección. En dos semanas terminamos la lección 17 y en unos días y con duro estudio estaré cerca de los 300 caracteres.

No sólo del estudio vive el hombre, también sacamos ratos en el fin de semana para desconectar, hacer alguna barbacoa y escapada a algún pub, y aún con apariencia de fiestas a lo “erasmus”, éstas no sé prodigan y me mantengo un tanto alejado de ellas.