La llegada

Miércoles 22 de junio 16:00 h Salida de Calzada de Calatrava Viernes 24 de junio 23:45 (hora local. 17:45 hora peninsular) Llegada a la Shenyang Daxué

50 horas de viaje que dieron para mucho.

Viaje sin problemas, y aterrizaje en Beijing el viernes por la mañana y a partir de aquí la LOCURA.

Sin mucha información previa pues tampoco la había tenía que defenderme en el terreno. Autobús para la Beijing Railway Station desde el aeropuerto y allí estaba a mediodía en mitad de Beijing con una gran maleta, mucho calor y con escasas horas de sueño y reservas de comida y agua en el cuerpo.

Me sumo a lo que parece una cola para comprar billetes para marchar a Shenyang, acompañado de empujones, alguno que se me colaba y el intento de entablar con algún lugareño conversación (harto imposible), llega mi turno.

– Wo yao qu Shenyang. Quiero ir a Shenyang.

– Meiyou tickets jintian. No hay billetes para hoy.

Tras las riñas de los que venían atrás me aparto de la cola a regañadientes. 1 de la tarde, un calor sofocante, deshidratación y rodeado de miles de chinos de un lado para otro. Estaba jodido y muy cansado. Tras reponer fuerzas, me digo que ésto no puede quedar as;i. Marcho a la cola de al lado, otros 20 min de espera, acompañado de nuevo de algún empujón y alg;un pueblerino que hacía los intentos de colarse y de nuevo, la misma conversación, pero me dice que hay otra estación al oeste.

Me veía igual o peor que antes, pero nacía una pequeña esperanza. Salgo de la cola y se me acerca un chaval de 18 años, no más, y en un inglés bastante docto para la zona, empezamos a charlar, me acompaña a la otra sala de venta de billetes, pregunta si puedo sacar billetes, parece que sí y se marcha. En ese momento y después casi de una hora intentando encontrar alguien que hablara inglés me parece cómo bajado del cielo.

Tercera cola, y de nuevo, “meiyou” (no hay). Ya me sí que me veía haciendo noche en Beijing. Pero al momento, me encuentro con un israelí que también tenía problemas para sacar su billete para Mongolia, me dice que en la oficina 1 van los extranjeros y que a ver si ahí podía sacar algo en claro.

Cuarta cola, ya más tranquila, la gente más extraña la dejé atrás en la cola 1 y 2. Tensa espera, era mi última oportunidad, la sobrellevaba conversando con los de la cola. Me mimeticé en chino y me colé cómo pude y allí estaba de nuevo. Parece que ahora ponía más atención en lo que decía y no me despachaban al segundo. No entiende muy bien mi chino, agarro a una chica jóven que hay detrás mío y le explico la ciudad y que tengo que sacar el billete para el día, en efecto. Cómo por arte de magia, me dice que sí, que hay un tren de alta velocidad, por la tarde. Habló con el israelí que ya me había ofrecido morada y salgo de la Beijing Railway Station victorioso. Pienso: J 1 – China 0.

Me meto en el primer sitio a comer que encuentro y me sale mal la jugada, salgo con angustia, tengo que prestar más atención a lo que pido.

Espera en la estación, despierto por unas voces y a mí lado, unos policías arrojando cosas al suelo. Entiendo la situación pronto, un indigente, con problemas en una pierna, había cumulado cosas que encontraba en la calle dentro de la estación y los de azul se dedicaban a “limpiar la zona”. La gente alucinando un poco y primera situación extraña de este estado. Me recordó a algo que ni viví pero tantas veces escuché, Ley de vagos y maleantes, más por la actitud que por el hecho, creo que ésta misma situación se daría en cualquier estación de tren del mundo.

Tras un viaje algo largo, algún intento de hacer unas cuestiones, ya estaba en Shenyang, parecía que el final estaba más cerca. Salgo de la estación y poner al poner un pie en Shenyang, ves que es cómo las imágenes que tantas veces has visto de ciudad nocturna asiática. Grandes luces, una pantalla gigante y rascacielos. Impresiona.

Rotura del mango de la maleta, doy vueltas, no encuentro un taxi, una chavalín así de incógnito me ofrece llevarme, accedo, cuál es mi sorpresa cuándo llegamos y no tenía un taxi sino una moto. Por ahí no paso, cansado, cargado con la maleta y mochila, me niego a jugármela por las calles de Shenyang tan gratuitamente.

Media vuelta y me pregunta una chica en un perfecto inglés que si tenía algún problema, hablamos, nos vamos a la parada de taxis, nos encontramos con su novio, sueco y un amigo danés y allí hacemos espera. Taxi y residencia. 23:40 h campus, bastante grande, y todo a oscuras, me meto, voy andando, pregunto, de nuevo nadie habla inglés, a la tercera, en chino me explican y medio comprendo que es lo que me quieren decir y tras 5 min parece que veo la luz al final del camino. Estudiantes en el patio de fuera, tomando unas cervezas, parece que estoy cerca, música de Maná y unas chicas cantando con una cerveza en la mano. Me acerco, con un serio saudo de – Hola? En efecto. Hablan español. Isabella (colombiana-española) y Valery (chilena) me dan la bienvenida, sabían que llegaba pero tampoco tenían mucho más detalles. Me asignan una habitación, dejo los bultos y me bajo a tomar una cerveza con las chicas.

Las 00:00 del 25 de junio. El viaje ha sido largo, pero llegar, poder hablar un poquito al aire libre con buena música, no tiene precio.

Ésta es la historia de cómo te la juegas llegando a una ciudad que no conoces, con una lengua que no controlas y con muchas millas de diferencia cultural.

Esta entrada ha sido extensa y detallada, en posteriores entradas no será tanto así, pues ni Shenyang da para tanto contenido ni quiero abrumar con tanta historia.

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Saludos.